3/8/2009

La Cruz de la Victoria.


La Cruz de la Victoria es una joya del llamado arte prerromántico asturiano. Según la tradición, la base de madera que se mantenía encerrada en su interior era la misma de la cruz que Pelayo enarboló en la batalla de Covadonga en el año 722 comenzando así lo que se llamaría Reconquista.

Posteriormente sería guardada por su hijo Favila en una iglesia de Cangas de Onis primera capital del reino, dedicada a la Vera Cruz. La Cruz de la Victoria constituiría, por lo tanto, el primer vestigio del culto a la vera cruz en el recién constituido Reino de Oviedo.


En tiempos de Alfonso III, sería engalanada con oro y piedras preciosas, para presentar la forma conservada desde el siglo X, fue llevada así mismo a Oviedo.

Alfonso quiso hacer de ella la enseña política de la monarquía, de su antigüedad y legitimidad, frente a los ataques de que era frecuentemente objeto. La consideró un signo personal que reprodujo en relieves de piedra en todos los monumentos que mando construir. Representaba así mismo al Reino en su doble vertiente política y religiosa. En Asturias, monarquía y cristianismo equivalían a Reconquista, por lo que también era enseña guerrera.


Reproducción en el puente romano de Cangas de Onis

La cruz de la victoria quiso recordar a la cruz que según la leyenda recibió del cielo el emperador romano Constantino para vencer en las batallas.

No se conoce su autor, estilisticamente pertenece al ámbito carolingio, tiene parecidos con la Cruz de las Ardenas. Un detalle importante es que al parecer Alfonso III estableció un taller de orfebrería en el castillo que construyó en Gozón, cerca del mar, donde es posible que trabajaran orfebres asturianos juntos con otros del imperio carolingio.


Sus dimensiones son de 92 centímetros de alto y 72 de ancho. El alma de la cruz está formada por dos maderos de roble que se unen en el centro a un disco redondo, donde se ha excavado un hueco cuadrado para contener reliquias. La Cruz está recubierta con láminas de oro y guarnecida por piedras preciosas. El medallón central lo ocupaba un cristal de roca transparente que facilitaba la admiración de una reliquia de la Vera Cruz.

En el reverso de la Cruz aparecen inscripciones dedicatorias en la línea de la Cruz de los Ángeles, incluyendo el lema Hoc signo tuetur pius /Hoc signo vincitur inimicus. Este signo protege al piadoso/ este signo vence al enemigo.

Estas palabras se repiten en la Cruz de Santiago y en muchas inscripciones posteriores, en el palacio real, en los muros de la ciudad de Oviedo, en la Foncalada, en San Martín de Salas, en las Torres del Oeste, en Galicia y en varios manuscritos, como el Antifonario de la catedral de León del año 917, en una copia del mismo de 1067, en el Beato de Valcavado del año 970 en Valladolid y en el de San Millán de finales del siglo X.

La suerte de la cruz con el tiempo ha sido tal que se salvó por los pelos de la rapiña de Napoleón, sufrió algunos daños con la voladura de la cámara santa en la revolución de 1934. Fue en 1977 cuando recibió su golpe más duro ya que fue robada junto con otras joyas como la cruz de los ángeles y la caja de las ágatas creando una situación de luto en Asturias, posteriormente fue recuperada aunque expoliada de sus joyas y ornamentos los cuales fueron repuestos recuperándose mas tarde y otros donados por familias ovetenses.


Actualmente descansa ya completamente segura tras un enrejado en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador en Oviedo capital de Asturias.

Catedral de Oviedo, Asturias


Lateral exterior de la Cámara Santa


Vista de la Bóveda, interior Cámara Santa
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